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Reflexiones tras el XII Encuentro Estatal de Familias de Acogida en Jaén 25-27 de septiembre de 2026

9 octubre 2026

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Carátula del XII Encuentro Estatal de Familias de Acogida, con una imagen de tres manos de perfil creando un espacio donde una figura adulta se agacha hacia una figura infantil como imagen del encuentro a la izquierda, y con el título y los datos del Encuentro a la derecha, y debajo están los logotipos de las entidades organizadoras (FamiliAcoge de Jaén y ASEAF) y financiadoresA veces lo profesional y lo personal se mezclan, creando un impacto duradero. El XII Encuentro Estatal de Familias de Acogida, celebrado en Jaén el fin de semana del 25 al 27 de septiembre de 2026 con el lema “Entender para sanar: el valor del acogimiento” ha sido un evento memorable para mí por varios motivos.

1) Una organización del evento centrada en las personas.

Por definición, un encuentro de familias de acogida aspira a ser acogedor. FamiliAcoge de Jaén, como asociación local que se ha ocupado de la logística concreta del evento en la ciudad de Jaén, y la Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF), que lo coordina con familias y entidades de toda España, han conseguido que fuese un espacio entrañable, cálido afectivamente y motivador. Desde aquí mi agradecimiento a FamiliAcoge de Jaén, en especial a Rocío Díaz y a Inma Lorente, que se han preocupado por el bienestar de cada participante y de cada ponente, con una dedicación especialmente conmovedora, y a todo el equipo de ASEAF, que ha velado por la coordinación general. ¡Muchas gracias!

2) La importancia del apoyo de las instituciones oficiales.

El acto  empezó con la presencia de múltiples autoridades, representando a las administraciones públicas del Estado, de la Comunidad Autónoma de Andalucía (tanto Servicios Sociales como Educación), de la Diputación de Jaén (provincial) y del Ayuntamiento de Jaén. La promoción del acogimiento familiar se basa en que las instituciones oficiales lo conozcan, lo apoyen y lo difundan, y su presencia en este acto es todo un logro. Además, sus palabras de presentación revelaban un conocimiento concreto y cercano de estas realidades, que debería inspirar a otras autoridades públicas.

3) Unas ponencias centradas en buenas prácticas realistas en el acogimiento familiar respecto a la escuela.

A los tres ponentes nos pidieron que hablásemos del la integración de los niños, niñas y adolescentes en acogimiento familiar en los centros educativos, con distintos matices.

Ignacio Díaz Carvajal, médico psicoterapeuta, autor del blog “Películas y adopción” (y del libro Cine y adopción. 101 películas para familias adoptivas y acogedoras) y padre adoptivo (de un hijo que ya es adulto), estuvo repasando en su ponencia “Cuando la escuela no está de nuestro lado. ¿Qué podemos hacer?” algunas medidas básicas para la incorporación de los niños, niñas y adolescentes en el sistema educativo. Un clave fundamental, que me pareció muy clara fue la de rebajar las expectativas académicas. Después de todo lo que han pasado, lo que necesitan los niños, niñas y adolescentes es conseguir seguridad física y psicológica, y aprender a tener relaciones sanas, dejando el resto de tareas, incluidas las educativas, para cuando puedan afrontarlas.

Yo, F. Javier Romeo, con mi visión desde Conexión Más Auténtica, me encargué de comentar en mi ponencia “Las heridas del alma. Acompañando el trauma desde el acogimiento familiar” cómo comprender el trauma y su manejo en la familia y en la escuela. La mayoría de niños, niñas y adolescentes con medidas de protección (acogimiento familiar o residencial u otras) presentan trauma, como he escrito en varias publicaciones de libre descarga, como el manual de trauma, la guía amigable de trauma y claves sobre el trauma. El mensaje que quería transmitir era que para acompañar a los niños, niñas y adolescente con historias de trauma necesitamos tres bloques: comprender en qué consiste el trauma, saber identificarlo y actuar apropiadamente en casa y en el colegio. Y después añadí la referencia a mi artículo de qué pueden hacer los centros educativos al respecto: ¿Oportunidad o más sufrimiento. Los centros educativos ante las medidas de protección.

Y concluyó Javier Múgica Flores, experto en todas estas materias después de haber trabajado en ellas durante décadas hasta su reciente jubilación, y que sigue activo con su blog personal, en la Iniciativa Renovando desde dentro, que compartimos, y en otros procesos como este. De todas sus ideas de su ponencia “Recetas para colaborar o sobrevivir al colegio”, rescato una frase especialmente relevante: “Queda científicamente demostrado que el mal comportamiento de las dificultades de todo tipo, que tantas quejas generan, son solo síntomas de la adversidad vivida, no son un plan de los niños, niñas y adolescentes para arruinarnos la vida, ni el fracaso de sus acogedores. Esto vale para las familias, las escuelas, los técnicos de apoyo, sanitarios de salud mental y administraciones de protección”. Contundencia basada en la evidencia científica, como le gusta a él.

4) La participación de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que han pasado por acogimiento familiar (y otras medidas de protección).

La participación consiste en reconocer el derecho de cada persona a informarse y opinar sobre los temas que afectan a su vida, y en dar pasos para cumplir con ese derecho. En el caso de los niños, niñas y adolescentes con medidas de protección, la participación es fundamental, tanto para su recuperación (al retomar un desarrollo positivo en el que se les escucha y se les atiende adecuadamente) como para mejorar los cuidados que se les proporcionan. En este sentido, el Encuentro tuvo dos espacios fundamentales (que dejo sin fotografías y sin detalles personales para preservar la privacidad habitual en estos procesos).

Por un lado hubo una mesa redonda en la que tres jóvenes, S., Á. y C., compartieron, ya desde la mayoría de edad, sus experiencias en su infancia y adolescencia de distintas medidas de protección, como el acogimiento residencial, el acogimiento familiar y la adopción. Tres vidas muy diferentes con muchos elementos en común, siendo uno fundamental haber encontrado familias que les han abierto su hogar y que les han ayudado a alcanzar una vida que les pone en valor.

Por otro lado, además de otros talleres, tuve el honor de asistir como persona de apoyo al taller dinamizado por esos tres jóvenes dirigido a adolescentes que viven en familias de acogida. Cada joven propuso distintas claves desde su experiencia personal, y el grupo de adolescentes (y algunos niños y niñas también) estuvieron compartiendo sus vivencias, que resultaron muy sanadoras para quienes las expresaron, y muy iluminadoras para quienes las escuchamos. Dar la voz a las personas que viven las situaciones siempre resulta un aprendizaje.

5) Unos encuentros personales memorables y esperanzadores.

Y al final, como suele ser habitual en este tipo de eventos, muchos de los aprendizajes surgen de los encuentros personales en los descansos, en comentarios al cruzarse por los pasillos, en la bebida y la comida compartidas… Yo me llevo muchos, especialmente memorables y esperanzadores, que se quedan en mi memoria y me ayudan como persona y como profesional.
Sobre todo destaco la capacidad de crear hogar, tanto por parte de quienes acogen como de los niños, niñas y adolescentes (y jóvenes) que pasan por el acogimiento familiar. La imagen de los regalos que nos hicieron a quienes hablamos es un ejemplo de esta sensibilidad: una botella de aceite de oliva ecológico, el producto estrella de la región, que recoge el cuidado en esas comidas compartidas, con largas conversaciones; y una pequeña planta cultivada in vitro, que, como dijeron que sucede con los niños, niñas y adolescentes en acogimiento familiar, está en un espacio diferente del original que la ayuda a crecer hasta que se puede trasplantar a su propio tiesto (su propia vida integrada).
El acogimiento familiar ciertamente es una oportunidad que transforma vidas para bien. Espero que sigamos compartiendo camino en este sentido, cada cual con sus tareas.

En celebración por todo lo recibido y compartido.

F. Javier Romeo